LA ASAMBLEA DE DIOS

Ahora bien, nosotros creemos que todas estas personas encontrarían su lugar en la Asamblea de Dios. Deberían ser agregadas a la Asamblea para tener “comunión en el partimiento del pan y en la oración”. Deberían “reunirse el primer día de la semana, para partir el pan”, pendientes del Señor Jesús para que él las edificase por boca de quien él lo deseara. Ésta es la senda sencilla, la idea normal, divina, la que tal vez exija más fe para ser realizada, a causa de las numerosas sectas que actualmente están en conflicto, pero, sin embargo, es el camino simple y verdadero con respecto a la congregación.

Prevemos, por supuesto, que todo esto será tildado de proselitismo, prejuicio y espíritu partidista por aquellos que parecen considerar como el más elevado ideal de liberalidad cristiana y magnanimidad hacia el cristianismo poder decir: «Yo no pertenezco a nada.» ¡Extraña y anómala posición! Se reduce simplemente a esto: es alguien que profesa el nihilismo[8] con el objeto de eludir toda responsabilidad e ir con todos y con todo. Ésta es una senda muy fácil para la naturaleza —particularmente la afable—, pero veremos lo que resultará de ella en el día del Señor. Por ahora la consideramos como una positiva infidelidad a Cristo, de la cual quiera el buen Señor liberar a su pueblo.

Pero ninguno se imagine que nosotros querríamos así señalar oposición entre el evangelista y la Asamblea. Nada está más lejos de nuestros pensamientos. El evangelista debería salir del seno de la Asamblea en plena comunión con ella; debería trabajar no sólo para reunir las almas en torno a Cristo, sino también para llevarlas a la Asamblea, en la cual los pastores dotados por Dios las instruirían. No tenemos el menor deseo de cortarle las alas al evangelista sino tan sólo de guiar sus movimientos. Estamos maldispuestos para ver una auténtica energía espiritual derrochada en un servicio incierto o incompleto. Sin duda, es un gran resultado traer almas a Cristo. La unión de una alma con Cristo es un trabajo hecho para siempre. Pero los corderos y las ovejas ¿no deben estar reunidos y cuidados? ¿Alguien puede estar satisfecho de adquirir ovejas y luego dejarlas errar por donde ellas quieran? Seguramente que no. Pero ¿dónde deberían estar reunidas las ovejas de Cristo? ¿En los corrales dispuestos por el hombre o en la Asamblea de Dios? En la última, incuestionablemente, pues ella, aunque sea débil, despreciada, denigrada y maldecida, es el lugar apropiado para todos los corderos y ovejas del rebaño de Cristo.

C. H. Mackintosh