¿COMO SE DEBEN REUNIR LOS CRISTIANOS PARA EL CULTO Y EL MINISTERIO?

 La Biblia en especial el Nuevo Testamento es la guía que enseña en la actualidad a los creyentes como deben reunirse. (doctrina apostólica)

 El gran designio de Dios es exaltar a Su Hijo, el Señor Jesucristo a quién “le otorgó un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra, y debajo de la tierra.” (Filipenses. 2:9-10; Efesios 1:20)

El Señor Jesús dijo a Sus discípulos que cuando la iglesia se formase después de Su muerte (en Pentecostés), entonces Su Nombre sería el punto de reunión de ellos. Les dijo: «Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos» (Mateo 18:20).  

La iglesia primitiva actuaba de esta manera, se reunían en aquel Nombre glorioso del Señor Jesús cuando se congregaban para el culto, el ministerio y otras funciones de la asamblea (1 Corintios 5:4). No reconocían otro nombre que el Suyo. ¡Y este sigue siendo el modelo de Dios para la iglesia en la actualidad!. 

 

Desde luego, el Señor Jesús es digno de que no aceptemos otro nombre más que el Suyo. 

 

No es escritural que el pueblo redimido de Dios lleve toda especie de nombres denominacionales y no denominacionales. 

 

Los cristianos en la tierra siguen queriendo congregarse bajo toda clase de nombres sectarios, aunque admiten que en el cielo no habrá tal cosa.  

El apóstol Pablo reprende la exaltación de otro nombre, incluso si se trataba del suyo mismo. (1 Corintios 1:12; 3:3-5). 

Los cristianos deben reunirse de una manera sencilla (Hebreos. 13:13), tendrán la feliz confianza de que están congregados de la manera que la Escritura establece. Hay un gozo en hacer la voluntad de Dios que es conocido sólo por aquellos que la hacen.  

Esta es la forma en que Dios querría que Su pueblo fuese establecido en la verdad. “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32);  “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” 1Timoteo 2:4. 

B. Anstey