¿PORQUE NOS REUNIMOS DE ESTA MANERA? 

 

Discurso dado en una reunión general en el año 1926

Tengo el pensamiento ante mí, amados amigos cristianos, de tomar cierta línea de cosas en las cuales ya han llamado la atención de algunos de nosotros en una o dos reuniones recientemente y pediría la indulgencia de algunos aquí, en Ia materia, si lo que está ante nosotros ha sido ya escuchado antes. Hay otras personas presentes a quienes estas cosas son más nuevas, y confío que tengo el pensamiento de parte del Señor de volverlas a tomar. El tema ante mí es este: ¿Por qué, quienes nos reunimos al nombre del Señor, nos reunimos como lo hacemos? 

 

Yo fui educado en lo que creo es la verdad, y lo que comúnmente es referido como "la verdad". Puedo recordar los días de mi niñez, cuando mis padres tenían la costumbre de llevarme a otro lugar diferente a éste. Recuerdo muy claramente como nosotros teníamos el hábito de ir a la iglesia Episcopal, (la iglesia de Inglaterra como era entonces llamada), y el efecto producido sobre mi joven mente; el corredor de color escarlata, los asientos de roble esculpido y los coloridos diseños en las ventanas; el canto del coro, las majestuosas entonaciones del órgano y cosas semejantes. Estas cosas yo las aprobé en la medida que un niño tiene ideas sobre este tema. 

 

Después de un tiempo fui llevado a una capilla Bautista, y no aprobé estas cosas de igual modo. Esta capilla me parecía un lugar muy inferior comparado con la iglesia de Inglaterra. No tenía nada, sino muros blancos, ni ventanas coloreadas, y como recuerdo, ni siquiera un órgano y ciertamente no un predicador elocuente. Yo no sabía porque esto era así; solo que había sido llevado hasta allí. 

 

Luego de un nuevo intervalo, y por tercera vez, fuimos a otro lugar, ubicado en el alto de una calle muy comercial en la ciudad de West Hartlepool Inglaterra. Allí descubrí alrededor de veinte personas sentadas sobre banquetas, con una mesa en medio de la habitación. Esto a mi joven mente presentó un gran puzle. Todo era tan claro y primitivo. Allí no había nada para atraer; tampoco yo podía comprender por qué mis padres me habían llevado hasta allí. 

 

Asistí a ese lugar por varios años, y en el debido proceso del tiempo, tomé mi lugar entre ellos, creyendo que ese era el lugar correcto. Pero aun así, si alguno me preguntaba por qué yo estaba allí, habría tenido gran dificultad para dar una respuesta inteligente. ¡Ohl, sí interrogado sobre ese punto, podría haber dicho, "asisto allí porque creo que esto es conforme a la Biblia". ¿Pero no me llevaba tal respuesta demasiado lejos? Casi todos darían una respuesta parecida. Un presbiteriano, un episcopal o metodista diría eso, un bautista diría esto, y también un adventista. Necesitamos tener algo más definido para explicar la causa para el lugar que ocupamos. Quienes estamos reunidos al nombre del Señor, no siempre somos capaces de presentar una exposición inteligente y escritural de la materia. He descubierto que no es suficiente decir, "nos reunimos en una forma simple, como aquellos en los días de Pentecostés" ¿no cubriría esto eso? Posiblemente, si uno solo tiene unos pocos momentos de tiempo; pero para el bien de nuestras almas, es bueno para nosotros que conozcamos los apoyos doctrinales sobre los cuales descansamos.

 

¿Cuáles son los principios de las Escrituras, las doctrinas envueltas, las verdades de Dios conectadas con la posición que ocupamos? (supongo que no necesito apologizar por tomar este tema, porque estamos viviendo en un día en el cual todo está siendo atacado. No hay una solo fundamento de la fe que no esté siendo atacado, y es bueno para nosotros, que amamos al Señor, tratar de conocer cuál es el pensamiento del Señor al respecto, para así, ser fortalecidos y edificados en nuestra "santísima fe"), pienso que en la medida que el Señor me capacita, desearía tomar este asunto bajo cuatro aspectos. Estos serían los siguientes: 

 

En primer lugar, sugeriría que nos reunimos como lo hacemos, a causa de la dignidad del nombre del Señor Jesús.

 

En segundo lugar, nos reunimos de esta manera, porque deseamos dar al Espíritu Santo el lugar que le es debido.

 

En tercer lugar, nos reunimos así, porque deseamos obedecer el orden de las Escrituras que dice:" Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio" (Hebreos 13:13)

 

En cuarto lugar, porque pensamos que es escritural estar sobre el terreno del un cuerpo. 

 

Estos cuatro puntos son aquellos bajo los cuales deseamos hacer unos pocos comentarios.

 

En cuanto al primero, el nombre al cual nos reunimos: ¿Qué nombre llevamos? Si le preguntan ¿a qué iglesia está usted conectado, que les diría? Supongo que algunos de nosotros han sentido alguna complicación al responder esta pregunta. Sin duda que hay varias formas en las cuales puede responderse esta pregunta, ¿pero no es bueno estar claros acerca de esto: es decir, que sólo reconocemos el nombre del Señor Jesucristo? Ningún otro nombre. Algunos dirán, "¿ustedes son llamados 'los Hermanos de Plymouth', o no lo son?". ¿Qué diría a eso? Supongo que uno podría decir, "Si; si, somos llamados así, pero nosotros no nos llamamos de ese modo." No podemos impedir que nos llamen así, pero podemos decir cómo nos llamamos a nosotros mismos. El nombre por el cual nos llamamos a nosotros mismos es "santos de Dios”, reconociendo la dignidad del nombre del Señor Jesucristo, y reunidos a ese sólo nombre. 

 

Podríamos citar unos pocos versículos de las Escrituras que tratan sobre este punto, comenzando quizás con:

Filipenses 2:8-11: "y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre." 

 

Colosenses 1:15-18: "El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia" 

 

Efesios 1:20-21: "La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero" 

 

En este nombre entonces, descubrimos, es único conforme al pensamiento de Dios. No hay ningún otro semejante en este ni en ningún otro aspecto. Este permanece solo, ahora y siempre. Si nos volviésemos al libro de Apocalipsis, descubriríamos que no hay nombre en el cielo más grande que ese nombre. Los ejércitos angelicales son vistos allí postrándose y adorando ante esa misma bendita persona cuyo Nombre es exaltado. El nombre del Señor Jesús, es digno de ser aceptado como el centro de reunión. Es una cosa bendita estar en acuerdo con el pensamiento del cielo acerca de esto. 

 

Los primeros cristianos se reunían a ese nombre. Es así como ellos vinieron a ser llamados "cristianos". Los creyentes fueron llamados primeramente cristianos en Antioquia. ¿Qué significa cristianos? Significa un seguidor de Cristo. ¿No tenían ellos otro nombre? No, porque no había entonces Bautistas, Presbiterianos o Congregacionalistas, etc. Ellos eran llamados "cristianos" o "seguidores de Cristo." Ese es el único nombre que fue ligado a ellos. Ellos no tomaron otro, y queridos santos, es una cosa bendita no tener ni aceptar otro ahora. 

 

Sin embargo, nuestras convicciones sobre este tema son positivas y negativas. Supongamos que nos volvemos a 1 Corintios donde encontramos el otro lado de cosas:

1 Corintios 1:11-13: "Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? "

Ningún nombre debe ser tomado como la base para sectarismo. Aun el nombre de Cristo no debe ser pervertido de este modo. También podemos citar: 

 

1 Corintios 3:4 al 7. “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, no soy carnales ¿qué pues es Pablo y que es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el

 

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crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento"

 

Estos versículos nos confirman, lo que supongo nadie aquí discute, es decir, que no hay otro nombre sino solo el nombre de Cristo que debe ser aceptado al pensamiento del Espíritu de Dios, y no hay autorización escritural para tomar otro nombre. 

 

Además, si usted tomara otro nombre, debería abandonarlo una y otra vez. Suponga que usted se llama a sí mismo por algún nombre, como un Hermano de Plymouth. Usted No puede llevar ese nombre al cielo ¿Por qué? Porque no hay lugar reservado para los Hermanos de Plymouth. Suponga que usted se llama un congregacionalista. Usted deberá abandonar también abandonar ese nombre. No hay lugar tampoco en el cielo para los congregacionalistas, y cuando lleguemos al cielo y conversemos  con los redimidos, como indudablemente lo haremos, no descubriremos a nadie allí que se distinga a si mismo por algún nombre sectario. Solo hay un nombre allí. Ese es el Nombre del Señor Jesús, el centro de reunión, el centro también del trono, el Cordero que ha sido inmolado. Esa persona y Su nombre representarán todo lo que es glorioso y bendito allí; el Centro de cada ojo y mirada, y de las afecciones de cada corazón será Su bendito nombre. 

 

Si el pensamiento de Dios es ahora acerca de Su Hijo, y el pensamiento de todo el cielo en un día futuro es tal acerca de Su Hijo, ¿no estará en acuerdo con la estimación de este modo puesta sobre Él, desconocer todo otro nombre? Queridos santos de Dios, pensamientos de esta clase han estado ante nosotros. 

 

Desearía también citar:

 Mateo 18:20: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

Este versículo supone la cosa acerca de la cual hemos estado hablando. Este supone que el pueblo del Señor esté reunido en (“o” "a") Su nombre. ¡Qué bendito lugar es este! 

 

Note, sin embargo, que existe una responsabilidad conectada con tomar el nombre del Señor. Suponga que usted se dirige a Deuteronomio donde encontramos el pensamiento en una forma simple.

 

Vea Deuteronomio 5:11, justo Ia primera clausula. "No tomarás el nombre del Señor en vano."

Estando reunidos al nombre del Señor Jesús no es simplemente una materia de usar técnicamente Su nombre. Supongo que allí está el reconocimiento de lo que Su nombre envuelve. ¿Piensa usted así? Estando reunidos a Su nombre, envuelve el reconocimiento de lo que ese nombre implica, el nombre del Señor Jesucristo, el reconocimiento de Su señorío. Donde se sigue lo que es contrario a Su Palabra y Voluntad, uno difícilmente llamaría a eso estar reunidos al nombre del Señor Jesucristo. 

 

Estar reunidos a Su nombre envuelve algo más que estarlo técnicamente. Allí está lo que se dirige a nuestros corazones y conciencias. Debe haber un reconocimiento práctico del señorío de Cristo en vista a que la verdad pueda tener la sustancia que hace todo real. Ninguna escritura autoriza el uso de algún otro nombre que el del Señor Jesús como el Centro Para Su Pueblo. 

 

El segundo punto mencionado fue: nos reunimos de este modo porque damos al Espíritu Santo su lugar. Este más bien es un lenguaje extraño ¿o no? Algo debe estar seriamente errado para justificar su uso, “¡Dar al Espíritu Santo su lugar!". ¿Quién es el Espíritu de Dios? La tercera Persona de la Deidad, esto no sugiere ninguna sugestión de inferioridad. El Espíritu de Dios es Dios. No hay diferencia en grado entre Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo. El hecho que cada una de estas Personas divinas es divina, que cada una es Dios, lleva consigo la imposibilidad de que exista entre ellos algún grado de comparación existente entre ellos. Cada uno es una Persona infinita. El Espíritu de Dios está aquí sobre la tierra. En nuestras reuniones de lectura hemos estado recorriendo ciertas escrituras relacionadas con el Espíritu de Dios. 

 

Supongamos que nos volvemos a:

Juan 14:16-17: "y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros" 

 

Juan 16:13 y 14: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablara por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” 

 

Estos versos, y a muchos otros podríamos volvernos, que nos muestran que el Espíritu de Dios está aquí sobre la tierra. El peso e importancia de esto no es suficientemente comprendida por nosotros. Una persona divina está aquí sobre la tierra. Dios está aquí en la persona del Espíritu Santo. ¡Esta es una asombrosa verdad! ¡una establecedora verdad! Dios mora sobre la tierra en la forma del Espíritu. Como tal Él está aquí sobre la tierra y para cierto propósito. ¿Cuál es ese propósito? "Bien", quizás usted dirá, "Él está aquí para convencer a pecadores." Eso sin duda es verdadero. Pero en lo que concierne a la línea de nuestros pensamientos hoy, Él está aquí con otro propósito. ¿Cuál es ese? El está aquí para tomar las cosas de Cristo y mostrárnoslas. El está aquí para glorificar a Cristo. Eso es aquello para lo cual está aquí. Ese es Su oficio. 

 

Amados amigos cristianos aquí hay una cosa extraña acerca de la Biblia. En el Antiguo Testamento uno encuentra las más comprensivas instrucciones en cuanto a todos los servicios del pueblo terrenal de Dios. Se proveyó detalladamente para cada ritual. Cada cosa en conexión con el tabernáculo y con el templo fue provista. Todo lo que estaba conectado con los sacrificios; aun con las costumbres de los sacerdotes; todos los vasos del santuario; cada cosa fue minuciosamente provista de manera que no había posibilidad para que alguno se equivocase excepto a través del descuido. 

 

 

 

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Pero ya que el Espíritu Santo está sobre la tierra, usted notará cuan poca instrucción encontramos en cuanto a los servicios realizados por la iglesia. ¿Dónde encontramos alguna minuciosa instrucción acerca de cómo debe proceder la asamblea cuando ella se reúne? Tome esa reunión que es tan preciosa para nuestros corazones, el partimiento del pan, el recuerdo de la muerte del Señor. ¿Dónde está el capitulo que nos diga cómo proceder? No hay tal capitulo. No hay versículo que nos diga que el partimiento del pan debe comenzar con un himno y que después debe levantarse un hermano y orar o alabar al Señor, y después otro himno debe ser cantado, y que al final de treinta o cuarenta minutos deben ser distribuidos los emblemas, o cuánto debe durar y continuar después la reunión. ¿Por qué no hay escritura que trate acerca de estos puntos? Porque el Espíritu de Dios está aquí para regular y dirigir como Él quiere. (Solo señalo que no hay instrucciones escritas en cuanto a estos detalles. No estoy criticando lo que se hace). El Espíritu de Dios está aquí para guiar y regular en la iglesia, y Su guía y regulación en la iglesia, es en vista a que Cristo sea glorificado. Ese es Su propósito, el fin que Él tiene en vista. Bien, eso pone ante nosotros una verdad muy grande, y solemne. En la cristiandad, en gran parte, se le niega al Espíritu Santo su lugar. ¿Dónde en la cristiandad, en las denominaciones, encontramos que se le da al Espíritu Santo el lugar que le es debido? ¿Dónde Él puede guiar, dirigir, o gobernar (que es Su bendito oficio) si algún hombre guía y dirige y tiene hecho un programa anticipadamente? Esto es lo que comúnmente se hace, ¿no es así? Lo es. ¿Dónde hay lugar para el Espíritu de Dios? 

 

En los credos de las iglesias ortodoxas, iglesias evangélicas, hay muchos cristianos (gracias Dios por ellos), pero, sin embargo, aunque sus credos reconocen la presencia del Espíritu santo, en la práctica ellas niegan Su presencia, porque sus servicios son realizados como si esta Persona no estuviese aquí. Este es más bien un infeliz estado de cosas. Hay algo radicalmente errado aquí. Amados santos de Dios, esta es una razón por la cual nosotros nos reunimos como lo hacemos. Deseamos darle al Espíritu de Dios el lugar que le es debido. 

 

Ahora, suponga en conexión con el último comentario hecho, nos volvemos a:

1 Corintios 12:6-11: "Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" 

 

No como el ministro quiere, sino como el Espíritu de Dios lo desea.  

 

1 Corintios 14:28-33: "Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios. Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos" 

 

No tengo tiempo para hablar de demostraciones sobrenaturales, sino que deseo declarar que creo que estas han cesado y no tienen lugar propio en la iglesia en el tiempo presente. En la iglesia el Espíritu de Dios es Aquel que debe guiar y gobernar. Es Su Voluntad la que debe ser operativa, no la voluntad del hombre. Esta es una razón por la cual nos reunimos como lo hacemos. Cuando nos reunimos como asamblea, lo hacemos así para que el Espíritu de Dios tenga el lugar para actuar por medio de quien Él quiera. Cuando nos reunimos, por ejemplo, para recordar al Señor en Su muerte, no tenemos ningún programa hecho. Si algún hermano busca un himno en casa, se equivoca. Él no tiene base escritural para eso. Y si otro hermano escoge algo que quizás él piensa es agradable leer como conclusión para la reunión, está también cometiendo un error. Uno no puede hacer eso. El Espíritu de Dios debe dirigir estas cosas. No sabemos quién distribuirá los emblemas. No sabemos quién pedirá un himno, o quien se levantará para alabar a Dios. No tenemos programa hecho. No sería justo si lo tuviésemos. El Espíritu de Dios es Aquel que debe guiar como Él quiere en la reunión de la asamblea. Es propio reunirnos de este modo y conducirnos de tal manera que el Espíritu de Dios pueda tener libertad para actuar por medio de quien Él quiera. 

 

En la reunión de oración no se debe pedir a un hermano que ore o aconsejar a otro que pida un himno. No; el Espíritu de Dios es quien debe hacer esto. No digo que todo es hecho en perfección en nuestras asambleas, porque somos pobres criaturas, y a veces se nos puede olvidar esto, pero el fundamento y terreno sobre el cual estamos, y los principios que sostenemos son de Dios. De manera que nos reunimos de esta manera para dar lugar a Su Espíritu. 

 

En Wales muchos años atrás, Evan Roberts reunió a algunos miles que habían sido salvados, en un gran edificio público. Ellos iban a tener un servicio especial ese día. La cosa peculiar acerca de la ocasión consistía en el hecho que no había programa preparado de antemano. Además, cuando la congregación llegó y todos los asientos fueron llenados y aun había personas de pie, ellos observaron en el centro del local una silla vacía. Nadie podía ocupar esa silla. Esa estaba reservada como un emblema del hecho, un recuerdo, de que el Espíritu de Dios estaba presente. Un día fue el deseo de Evan Roberts y supongo de otras personas piadosas, no tener un programa, para que el Espíritu de Dios tuviese libertad para regular y gobernar. Esto produjo muchos comentarios. Y en un periódico hubo un artículo acerca de este extraordinario experimento, ¡abandonar un programa y al ministro! El día pasó de manera feliz y con clara evidencia de la guía de Espíritu. Podemos dar gracias a Dios por las convicciones de la fe de Evan Roberts y de otros cristianos, pero ¿por qué no sería este el invariable principio también después? Esto nos presenta entonces, la segunda razón por la cual nos reunimos como lo hacemos. Deseamos dar al Espíritu de Dios Su lugar y oficio en medio nuestro.  

 

La tercera razón mencionada es esta, "salir a Él fuera del campamento". Volvámonos al último capítulo de Hebreos 13:10-14: "Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo. Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir". 

 

Se observará que estos versículos están incluidos en la epístola a los Hebreos. Eso nos sugiere que un establecimiento judío está conectado con lo que estamos considerando. Jerusalén está ante nosotros. Fue en esa ciudad, esa ciudad religiosa, de la cual el Señor de gloria fue rechazado y crucificado. Este fue el lugar donde el Mesías debiese haber tomado Su trono y reinado, pero Él fue rechazado. Su sangre fue derramada fuera de esa ciudad. Un nuevo centro fue establecido. La cruz de Cristo ha venido a ser ahora un centro para la fe. Ese lugar fuera de Jerusalén, fuera de la organización religiosa, ahora habla a nuestros corazones que le conocen a Él. 

 

Considerando que como Él, en quien cada tipo judío es cumplido, murió fuera de la ciudad, es allí que el altar del Cristianismo es ahora establecido. No hay otro altar hoy. Establecer un altar en una iglesia es una parodia ¡Una abominación! Levantar un altar en una iglesia ahora es sugerir que la sola ofrenda de Cristo no es suficiente. "tenemos un altar". La poderosa obra ya ha sido hecha. La obra está consumada. No hay nada que añadirle. El Calvario, ese lugar donde Cristo fue rechazado y murió, ese lugar cancela todos los lugares terrenales. 

 

A menudo hablamos del "campamento", y quizás sin comprender plenamente lo que esto significa. "El campamento" sin duda en su aplicación estricta, habla del tabernáculo, y de la condición del desierto de los hijos de Israel, aunque aquí esto es claramente aplicado a Jerusalén. Esto pone ante nosotros una religión organizada, Jerusalén y su templo, el lugar de la adoración divina, que por largo tiempo ha tenido el sello del favor de Dios, y los cristianos judíos han sido lentos para desligarse de este sistema, en el cual ellos habían sido educados desde su niñez. Sin embargo, ellos eran ahora exhortados a "salir." 

 

¿No han notado, amados amigos cristianos, cuan singular es el estado de cosas que existía aquí al final de Hebreos? Note la fecha dada en la traducción King James: 64 DC. Treinta años o más después del comienzo del Cristianismo, aun se encontraban en Jerusalén, creyentes practicando el judaísmo, todavía asistiendo al templo y realizando los sacrificios que se ofrecían allí. Usted dirá, "esa es una cosa muy extraña" Esto es realmente, y quizás si usted y yo hubiésemos vivido entonces, no habríamos tenido la paciencia que Dios ha tenido con ellos. Aquí alrededor de treinta años habían pasado y ellos eran encontrados manteniendo una doctrina de gracia y obras. Estas cosas no se mezclan como tampoco lo hacen el agua y el aceite. Ellos eran entonces exhortados a "salgamos a Él fuera del campamento, llevando Su reproche." 

 

Hay ciertos puntos conectados con este sistema sobre los cuales desearía hablar por unos momentos. Las características del campamento eran cuatro:

 

En primer lugar, éste tenía un santuario terrenal. (Originalmente este era el tabernáculo; después el templo).

Segundo, éste tenía un orden de sacerdocio que estaba entre los adoradores y Dios.

Tercero, tenía una congregación de adoradores compuesta de salvados y no salvados.

Cuarto, todos ellos colectivamente estaban bajo la ley de justicia.

 

Estas cuatro características caracterizaban el campamento.

 

"Bien," dirá usted, "todo eso es judío y ha sido puesto a un lado, y Jerusalén ha sido destruida." Si, no dudo que eso es verdadero, pero los principios establecidos aquí permanecen. Una condición paralela nos confronta. Lo que pienso es que el santuario terrenal aún existe, grandes estructuras consagradas al así llamado servicio a Dios, pero Dios no mora en templos hechos con manos. Algunas de estas estructuras son muy hermosas en lo que concierne a la arquitectura y adorno. Pero estas cosas no son de ningún valor a la vista de Dios. Cristo es rechazado y nosotros estamos en el lugar de Su rechazo, y llamados a seguir Sus pasos. La ostentación está ahora a la orden del día. 

 

En cuanto al sacerdocio, tan ciertamente como los judíos tenían un sistema de sacerdocio ordenado con el propósito de estar entre el pueblo y Dios, del mismo modo es en nuestros días, la cristiandad ha establecido un sistema de sacerdocio conectado con el profesado servicio a Dios, hombres ordenados por manos humanas, para estar entre los adoradores y Dios. No tenemos que ir muy lejos para encontrar esto. Esta es una característica establecida en la cristiandad, como todos sabemos. 

 

En cuanto a la tercera materia, la congregación: ¿cuán lejos tenemos que ir para encontrar esto? ¿tenemos dificultad para encontrar una congregación mezclada, compuesta de salvados y no salvados profesadamente reunidas para adorar a Dios? No tenemos que ir muy lejos para encontrar esto. Esta es una característica del día. 

 

En cuanto al cuarto punto, estando bajo la ley de justicia: ¿hay alguna dificultad para encontrar esto? No la hay. Esto también es común a nuestro alrededor hoy. En muchas iglesias encontrará los diez mandamientos inscritos sobre el muro, y se enseña a las almas que en vista a ir al cielo no solo se debe creer en el Señor Jesús, sino también hay que guardar los diez mandamientos. 

 

Estas cuatro cosas en principio son acerca de nosotros hoy, y en principio, por tanto, ponen ante nosotros el campamento. La palabra de Dios es, “salgamos a Él fuera del campamento, llevando Su reproche.” No debemos suponer que es una materia clara para estos en el campamento. Cuesta dejar el campamento. Alrededor de treinta años después de la recepción del Cristianismo, encontramos a estos cristianos hebreos llamados a dejar el campamento. ¿Supone usted que esto no significó algo para ellos romper con muchos lazos de amistad, etc.? Aun así, aunque triste como era esto, la palabra de Dios para ellos era, "salgamos a él fuera del campamento.” Debemos tratar de simpatizar con aquellos que hacen esto ahora. Para algunos hacer esto es fácil, para otros no lo es. Este es un camino de dificultad y prueba. El afecto natural y las antiguas asociaciones retienen a muchos en este sistema.

 

En esta conexión ver 2 Pedro 1:5-7: "vosotros también, poniendo toda diligencia por ésto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.”

 

Amor Divino. No es suficiente detenerse en el amor fraternal. El amor divino debe ser el poder que constriñe.

 

"Llevando Su reproche." Reproche está enlazado con el lugar de afuera. ¿Ha descubierto usted esto? pregunte a un católico qué es aquello con lo cual está conectado, y él le dirá que está conectado con la lglesia Católica. Esto no le causa a él complicaciones decir eso. El está en el campamento y en una parte grande y principal de éste. Suponga que estoy reunido al nombre del Señor Jesús y algún conocido me pregunta con qué estoy yo conectado, presumo que no estoy solo al sentir una medida de complicación. Y digo, “estoy conectado con una pequeña reunión”--- “¿Qué clase de reunión?"-- "Bien, una reunión muy simple."-- "¿pero usted debe tener algún otro nombre?" --- "No" Bien. Él piensa que estoy loco, usted sabe, y después de unos momentos él se convence de esto. "Este hombre debe ser un fanático religioso," dice él. Hay reproche conectado con esto. Esto nos rebaja en la estimación de aquellos que nos rodean. Esta es parte de nuestra heredad. Esta es una cosa bendita, algo que hay que valorar y apreciar, algo que traerá una recompensa peculiar. Usted no encontrará en el campamento ese reproche, sino solo fuera de éste. 

 

En cuarto lugar. Creemos que esto es, de acuerdo a las Escrituras, estar reunidos sobre el fundamento y terreno del un cuerpo. Este es un gran tema del cual aquí solo podemos hablar brevemente. 

 

Efesios 4:4: "Hay un cuerpo." ¡Esa es una muy sorprendente verdad! ¡Una muy profunda verdad! ¡Una extremadamente bendita verdad! No doscientos como el censo en los Estados Unidos reporta. Dios mira desde el cielo y de todas las compañías de creyentes sobre la tierra en variadas asociaciones y lugares donde ellos se encuentran, Él es incapaz de reconocer, excepto decir, "hay un cuerpo." En cualquier asociación que se encuentren, todos los creyentes constituyen ese un cuerpo. Ellos pueden llamarse a sí mismos por otros nombres. Muchos creyentes se encuentran entre los Presbiterianos, Bautistas, Metodistas, Congregacionalistas, Episcopales, y sin duda muchos se encuentran en otros lugares también, pero tales nombres no tienen ningún valor para Dios. Todo aquello de lo cual Él toma conocimiento es que ellos son miembros de un solo cuerpo. Ellos pertenecen a eso. Esta es una muy grande verdad, ¿o no lo es?, que nosotros, que por gracia somos Suyos, pertenezcamos a ese único cuerpo. No hay otro cuerpo. En el cielo esto será perfectamente manifestado. Aquí esto casi no es manifestado. Solo el ojo de Dios puede ver ese un cuerpo. Sin embargo, es así. Hay un cuerpo. 

 

Ahora, los cristianos en el comienzo se reunían simplemente porque ellos pertenecían a ese un cuerpo. Si usted y yo hubiésemos estado en Éfeso en el día del Señor y buscado a aquellos que reconocían ese nombre o autoridad del Señor Jesús, habríamos encontrado los términos de admisión para participar de la comunión descansar sobre la simple cuestión de si éramos o no miembros del un cuerpo. Ellos no nos habrían tomado a un lado y preguntado nuestras vistas en cuanto al bautismo, verdad dispensacional, interpretación de la profecía, o una multitud de otras cosas acerca de las cuales los hombres han disputado., sino que ellos habrían estado ansiosos de saber si podríamos clara y definitivamente mostrar que éramos miembros del un cuerpo, si éramos sanos en cuanto a la Persona y obra de Cristo. Si podríamos mostrar que éramos sanos, y solo sobre eso, habríamos sido recibidos entre ellos, y solo entonces podríamos haber participado de los emblemas, porque ellos ponían ante nosotros esta misma verdad. (Estoy suponiendo, por supuesto, que nuestra profesión no haya sido contradicha por nuestras vidas). 

 

El pan sobre la mesa nos habla no solo de la muerte del Señor Jesús, sino también antes de que este fuese partido, de la verdad de que hay un cuerpo. Participamos de ese un pan sobre este fundamento, reconociendo a cada miembro del cuerpo de Cristo sobre la tierra como un hermano o hermana, y reconociendo el derecho, o privilegio, quizás es mejor decir, de cada uno a recordar al Señor con nosotros, a participar de ese un pan. 

 

Uno encuentra necesario añadir esto: considerando que en el comienzo estas materias eran muy simples, hoy estas no lo son igualmente porque hay quienes se llaman a sí mismos cristianos que en verdad no son cristianos, y ya no es suficiente recibir a alguien por sus propias palabras o testimonio. Toda clase de personas se llaman ahora a sí mismos cristianos. Es nuestro deber descubrir si hay realidad en ello. Somos responsables por aquellos que recibimos, y esta responsabilidad no podemos ponerla sobre ellos. 

 

Confío que Io que se ha dicho ha sido conforme a la verdad, si así, que el Señor la bendiga en nuestros corazones.

 

J.R. Gill